_Por: Joel Van Dyke
|
Durante
los últimos veinte años, he emprendido un viaje con algunos
amigos cercanos en el ministerio a la juventud en alto riesgo en lugares
muy difíciles. Hemos tratado de descubrir qué significa
ser legítimo, sincero, compasivo y transformacional acerca de
lo que hacemos. Decidimos empezar reuniéndonos a menudo a pensar
y reflexionar en lo que hemos aprendido y experimentado con otros en
el viaje. Iniciamos tratando de hacer preguntas que pudieran traer a
luz algunas respuestas en la búsqueda de una teología
que pudiera sostener efectivamente nuestro trabajo con jóvenes
difíciles en lugares igualmente difíciles. Hicimos nuestras
preguntas con miedo y temblando porque no estábamos seguros de
cuáles serían las respuestas. Teníamos un presentimiento
de lo que deberían ser y lo que nos habían dicho que debían
ser, pero francamente no estábamos convencidos ni siquiera de
tener una idea clara de qué preguntas realizar.
El
salmista hace una hermosa pregunta en el Salmo 137:4 "¿Cómo
cantar las canciones del Señor en una tierra extraña?"
En el contexto, el escritor está en Babilonia, donde los israelitas
habían sido arrancados de su patria y se les había dicho
que debían buscar la paz y prosperidad de sus opresores. ¿Cómo
iban ellos en un lugar sombrío y extraño, cantar las canciones
del Señor de gracia, misericordia y amor? Esta es la misma pregunta
que hemos enfrentado en América Latina en el contexto a veces
sombrío y extraño de las pandillas callejeras en las cárceles,
jóvenes indigentes en las calles, prostitutas adolescentes y
familias atrapadas en la pobreza implacable, etc. El aprender cómo
formular preguntas hermosas ha provisto la melodía necesaria
para poder cantar las canciones de Dios en tierras extrañas.
El
aclamado poeta inglés EE Cummings escribió una vez "La
hermosa respuesta está siempre precedida por una pregunta aún
más hermosa". ¿Crees eso? Si realmente creyéramos
como comunidad que la hermosa pregunta es mucho más importante
que la bien elaborada respuesta, nuestros ministerios con jóvenes
serían mucho más efectivos. La creencia aquí es
que las preguntas hermosas revelan de hecho respuestas hermosas. Si
realmente creyéramos eso, nosotros como cristianos seríamos
los mejores formuladores de preguntas en el mundo. ¿Eres tú
una pregunta respondida por naturaleza? He llegado a la creer con todo
mi corazón que es un ministerio profundo y altamente continuo
el aprender a realizar preguntas hermosas respecto a los jóvenes
en alto riesgo en lugares difíciles. Creo esto bajo la convicción
de que las respuestas hermosas florecen ante las preguntas hermosas.
Estamos
actualmente en el proceso de plantear preguntas a los miembros activos
de pandillas en las prisiones de la Ciudad de Guatemala, pero yo aprendí
primero este principio mientras vivía en Filadelfia tratando
de trabajar con traficantes de drogas activos en las calles de nuestro
vecindario. Varias iglesias locales emprendieron "marchas anti-drogas"
tratando de recuperar las calles de los distribuidores. Nosotros también
como iglesia estábamos desesperados por ver cambios, pero no
vimos fruto alguno como resultado de esas "marchas". Un día
un joven que recientemente había dejado de ser distribuidor en
un intento para mejorar su vida, me invitó a conocer a los muchachos
en la calle y escuchar algunas de sus historias.
Acepte
su invitación viendo que era una oportunidad magnífica
para tratar de formular algunas preguntas hermosas a estos narcotraficantes,
con la esperanza de que dieran a conocer las respuestas que nosotros
como iglesia necesitábamos tan desesperadamente. La mañana
antes de ir a conocer a los traficantes, tropecé con la historia
del encuentro de Jesús con el ciego Bartimeo en Marcos 8, donde
él le hace a Bartimeo la hermosa y asombrosa pregunta: "¿qué
quieres que haga por ti?"
De
repente, me di cuenta por primera vez que nosotros como iglesia estábamos
haciendo exactamente lo opuesto a lo que Jesús nos enseña
aquí. Habíamos estado acercándonos a Dios pidiéndole
que nos enseñara qué hacer para alcanzar a estos narcotraficantes,
mientras Jesús estaba tratando de enseñarnos a ir directamente
con ellos armados con hermosas preguntas. Salí esa noche a preguntarle
a distribuidores activos qué podríamos hacer como iglesia
para bendecirles. También les pregunté, "Si tu fueras
un pastor juvenil en una iglesia en este vecindario ¿qué
harías para alcanzarte a ti mismo?".
Los
traficantes me dijeron que a ellos les encantaba jugar balonmano pero
no tenían un lugar decente para jugar; y que era a través
del balonmano que ellos podían ser alcanzados y bendecidos efectivamente.
Armado con esta información pude encontrar otros dos pastores
en la comunidad dispuestos a tomar un riesgo colectivo con tal de alcanzar
a estos muchachos. Juntos adquirimos las instalaciones de un centro
local de recreación y empezamos a organizar regularmente torneos
de balonmano para narcotraficantes. Esto permitió que ganáramos
la confianza y respeto de los mismos muchachos a quienes antes habíamos
demonizado y rechazado. Como resultado construimos relaciones sólidas
con varios de estos distribuidores y muchos empezaron a entregar su
vida a Cristo.
Tradicionalmente
en la misión de la iglesia vamos a Dios a tratar de descubrir
QUÉ hacer y luego vamos al mundo a descubrir CÓMO que
hacerlo. El planteamiento de hermosas preguntas invierte ese orden.
Las preguntas nos permiten ir al mundo a preguntar QUÉ hacer
luego desesperadamente volvernos a Dios para descubrir CÓMO.
La esencia de este cambio es la transferencia de poder. Dios dio toda
la autoridad y poder a Jesús, y Él luego la dio al Espíritu
Santo el cual después dio a la iglesia. ¿Y la iglesia
a quién se lo dio? La triste respuesta es que no se lo hemos
dado a nadie. Hemos interrumpido el flujo del poder al acumularlo para
nosotros mismos y no darlo a nadie. Es de hecho, al menos poderoso de
su comunidad, a quién la iglesia debería estar entregando
este poder.
Si
quieres ver esto en acción, te reto a hacer un estudio personal
de las preguntas que Jesús formula en el evangelio de Juan. He
contado al menos setenta hermosas preguntas formuladas por Jesús
en este libro, en donde el poder es trasferido y se descubren hermosas
respuestas como resultado. Consistentemente, antes de sanar a alguien
Jesús le preguntaba a la persona qué quería que
hiciera por él. Esto por supuesto es muy peligroso para tu ministerio
porque implica una transferencia de poder de parte tuya hacia el mundo;
y las personas que no están acostumbradas a tener el poder abusarán
de él cuando lo obtengan. Así, tal como Jesús lo
hizo antes, nosotros debemos estar preparados a llevar la cruz de su
abuso.
La
transferencia real de poder significa que tú realmente hagas
lo que la comunidad te dice, y es a través de hermosas preguntas
que podemos descubrir eso. No hacer las preguntas es denegar las implicaciones
de la encarnación de Jesucristo. En nuestra misión como
ministerios juveniles debemos aprender a liderar con hermosas preguntas
permitiendo que aquellos a quienes hemos sido llamados a alcanzar, ¡nos
enseñen QUÉ hacer! Si somos fieles en esta tarea, Dios
será fiel en decirnos CÓMO. Y como resultado aprenderemos
a cantar hermosamente las canciones del Señor en "tierras
extrañas".